Y llegaste tu bebé, y todo cambió en nuestra vida

COMPARTE

Cuando nació nuestro hijo, sentí que todo cambió. Podría ser una frase de estas de películas de Multicine de Antena 3, pero no, es la realidad. Es cierto que lo había escuchado mil veces: “Un hijo te cambia la vida.” Pero nadie me dijo cuánto cambia también la vida en pareja. Y es que yo sabía que cambia los hábitos, dejas de salir de fiesta, pero eso ya con la edad es normal. Peor lo otro no.

Antes éramos dos y felices. Teníamos viajes, momentos de descanso, tiempo para hablar o simplemente estar en silencio juntos. Después, hasta el silencio desapareció. Las noches se hicieron largas, demasiado largas.

La llegada al mundo del bebé fue lo mejor que nos había pasado pero es cierto que también me sentía cansada. Me miraba al espejo y no me reconocía. Y él, mi pareja, parecía vivirlo de otra manera. Lo veía intentando ayudar, pero no sabía cómo. Se iba a trabajar, volvía tarde, y yo lo recibía con una mezcla de amor y agotamiento. Y sí, lloraba mucho.

Y a las pocas semanas, empezamos a discutir por cosas pequeñas. Que si el pañal, que si quién se levantaba en la noche, que si yo no tenía paciencia o él no entendía nada. La verdad es que de esas cosas que necesitas un manual y que empiezas a entender la razón de que la llegada de un hijo sea una de las causas de separación, según dice las estadísticas.

Recuerdo una noche en particular que os puede servir de ejemplo. El bebé lloraba sin parar. Yo también quería llorar. Le pedí que me ayudara y él me dijo que estaba cansado. Sentí una rabia inmensa. “¿Y yo?”, le grité. Esa fue la primera vez que pensé que nos estábamos perdiendo y distanciando.

Con el paso de los meses, la distancia creció. Compartíamos la casa, pero ya no nos mirábamos igual. Me dolía admitirlo, pero la pareja, después de casi 15 años, se estaba rompiendo.

Un día, después de una discusión más, le propuse ir a terapia. Al principio dudó. Dijo que no éramos “ese tipo de pareja”. Pero yo insistí. Le dije que no quería seguir así, que lo amaba, pero que no sabía cómo volver a conectar. Finalmente aceptó.

Así llegamos a la psicóloga Patricia Sánchez, psicóloga experta en terapia de pareja en Zaragoza. Recuerdo la primera sesión. Me temblaban las manos. Nos sentamos frente a ella y nos pidió que contáramos cómo nos sentíamos. Yo hablé primero. Dije que me sentía sola, cansada, confundida. Que amaba a mi pareja, pero que ya no sabía cómo hablarle sin discutir. Él habló después. Dijo que se sentía desplazado, que desde que nació el bebé ya no había espacio para nosotros.

La psicóloga, una persona que yo recomiendo siempre a todos mis amigos, nos escuchó con calma. No nos interrumpió. Luego nos explicó que en las sesiones trabajaríamos para explorar las necesidades emocionales de ambos, para entender qué había detrás de cada discusión. Dijo que no se trataba de buscar culpables, sino de comprendernos mejor.

Así fue la sesión

En una de las primeras sesiones, nos pidió que habláramos de nuestras expectativas antes de ser padres. Me di cuenta de que nunca lo habíamos hecho en profundidad. Yo pensaba que él estaría más involucrado; él creía que yo lo dejaría ayudar más. Cada uno tenía su guion, pero ninguno lo había compartido. Comprendimos que muchas de nuestras peleas venían de ahí: de lo que esperábamos sin decir.

Poco a poco, fuimos aprendiendo a cerrar ciclos. La psicóloga nos ayudó a reconocer cuándo una discusión del presente arrastraba viejas emociones. Nos enseñó a detenernos antes de herirnos con palabras.

En otra sesión, trabajamos en fortalecer la confianza y la relación. Nos pidió que hiciéramos algo juntos sin hablar del bebé, algo que no habíamos pensado nunca. Al principio me pareció imposible. Pero un sábado salimos a caminar, solo los dos. Hablamos de cosas simples. De cómo nos conocimos, de lo que soñábamos antes. Me reí. Hacía tiempo que no lo hacía así.

Una parte muy importante del proceso fue mejorar la comunicación. Antes hablábamos para defendernos, no para entendernos. Ahora tratamos de expresar cómo nos sentimos sin acusar. Decir “me duele cuando…” en vez de “tú siempre…”. Parece simple, pero cambia mucho.

La psicóloga también nos ayudó a establecer objetivos claros. Nos preguntó cómo queríamos que fuera nuestra relación dentro de unos años. Yo dije que quería volver a sentir que somos un equipo. Él dijo que quería poder disfrutar más de la familia sin tanto miedo a fallar.

Hoy nuestro hijo tiene dos años. Aún hay días difíciles, pero ya no siento que estamos a la deriva. Hemos aprendido a cuidarnos también como pareja, no solo como padres. A veces lo miro jugar y pienso que, gracias a él, también nosotros crecimos.

Porque al final, la llegada de nuestro hijo no solo cambió nuestras vidas, lo cambió todo.

 

Compartir

Reddit
X
LinkedIn

Últimos artículos

Usos de la serigrafía en el marketing

En un mundo dominado por la publicidad digital, las redes sociales y las campañas online altamente segmentadas, podría parecer que las técnicas tradicionales de comunicación han quedado relegadas a un segundo plano. Sin embargo, la realidad del marketing contemporáneo demuestra

Crece la demanda de cocinas modulares en España

Las cocinas modulares están ganando adeptos en España de manera clara y sostenida, convirtiéndose en una de las opciones preferidas tanto para quienes reforman su hogar como para quienes están diseñando una vivienda desde cero. Esta tendencia no es casualidad,

La ciberseguridad hace crecer a las empresas.

La digitalización es un proceso que corre paralelo al desarrollo de las empresas en el mundo actual. Un proceso que entraña riesgos. Los ciberataques. Protegerse ante ellos no solo implica blindar la información de la empresa, también permite implementar acciones

Realiza tu búsqueda